De origen batllista, Seregni es valorado hoy por la izquierda uruguaya como uno de los forjadores del FA, que actuó siempre con gran sentido de la unidad.

“Su legado ya pertenece, como el de otros políticos emblemáticos de nuestra historia, al patrimonio común de la República, sin desmedro alguno de su frenteamplismo de siempre, que no supo de claudicaciones ni de cálculos alternativos, ni siquiera en las peores horas”, señalaba el historiador Gerardo Caetano en el prólogo del tomo 1 de la colección Líber Seregni (octubre de 2005), “Sus ideas, ya pertenecen a la historia, -subrayaba. Ahora y en adelante, les toca a los uruguayos todos recoger su interpelación, en el debate de ideas que Seregni nunca rehuyó. Como tozudamente nos enseñó, la democracia siempre tiene y tendrá una mañana siguiente”.

Nacido en diciembre de 1916 en el barrio Sur de Montevideo, Líber Seregni Mosquera, descendiente de italianos y de españoles, vivió desde los 5 años en Pocitos (ver recuadro). Estudió en la escuela Brasil, cursó la enseñanza media en el liceo Zorrilla (secretario a partir de 1931 de su Asociación de Estudiantes, AEZ), y sorpresivamente para su familia (su padre, José, un “anarco-batllista”, admirador de Domingo Arena, soñaba con que fuera maestro escolar) dio las pruebas e ingresó en febrero de 1933 en la Escuela Militar, influido en parte por un primo marinero (Raúl Galarza).

En el verano de 1936, se convirtió en alférez de artillería. Prestó servicios en varias unidades, aunque en el Servicio Geográfico Militar estuvo muchos años. Se casó en 1941 (María Lili Lerena Correa), tuvo dos hijas (Bethel, en 1942; Giselle, en 1943), hizo estudios de especialización (geodesia, México), ascendió siempre por concurso, y llegó al generalato (1963). Entre 1965 y 1967 (gobierno blanco), ocupó la jefatura de la región (hoy división) II (San José); y en marzo de 1967, cuando el batllista Oscar Gestido asumió la presidencia, el comando de la región I (Montevideo).

En diciembre murió Gestido, y asumió Jorge Pacheco Areco, que rodeado de un gabinete de oligarcas llevó adelante una política económica y social, afín a sus intereses, recurriendo a Medidas de Seguridad (militarizando a trabajadores en conflicto), que desataron el rechazo de los sectores populares y el movimiento estudiantil. Seregni, que llegó a ocupar interinamente la Inspección General (comando) del Ejército, en aquel 1968, pidió su retiro, que le fue otorgado en abril de 1969. Por entonces, se había constituido en un militar muy respetado (fueron 33 años de servicio) y atípico. Porque intentó seguir estudiando (Ingeniería); asistió desde 1938 a cursos que daba Carlos Quijano, el director de “Marcha”, sobre economía política, y participó en dos proyectos empresariales: una compañía de comercio exterior (1951-1954), y de servicio de teletipos (1954-1970). Era un militar con otra apertura intelectual.

El inquieto Seregni, que simpatizaba con la lista 99 del batllista Zelmar Michelini, en aquel período tan convulso que dividió en dos a la historia uruguaya del siglo XX, intervino en conversaciones para crear, dentro del Partido Colorado, un espacio opositor al pachequismo, que reunió a figuras como Amílcar Vasconcellos. Aunque finalmente esta alternativa no prosperó.

En 1970, avanzaron las negociaciones para crear un Frente Amplio, que procurara el regreso del país a una convivencia democrática plena, sin Medidas de Seguridad, y avanzar en un programa de transformaciones que rompiera los bloqueos estructurales denunciados (mediante una reforma agraria, un control de la banca y del comercio exterior) desde hacía tanto tiempo, y los lazos de dependencia vigentes. El 5 de febrero de 1971, Seregni asistió como invitado a la fundación del FA.

Después, sería su candidato presidencial. En poco tiempo, emergió como su principal referente. En dictadura (1973-1984), estuvo preso, bajo libertad vigilada, desaparecido durante un mes; degradado por sus pares (ver recuadro). Rechazó ofertas para dejar el país, y fue cimentando una imagen de general demócrata, de caudillo moral; de hacedor en la búsqueda de los consensos, procurando encontrar las soluciones que tengan el mayor grado de aceptación, entre todos.

Entre 1984, en marzo, al ser liberado y febrero de 1996, presidió el FA, en momentos por demás complejos (como fue el año 1989, en que una parte del FA decidió apartarse, formando otra coalición de centroizquierda encabezada por Hugo Batalla). En febrero de 1997 Seregni fundó un Centro de Estudios Estratégicos 1815, que organizó seminarios que abordaron temas neurálgicos vinculados al desarrollo del país. Sus conclusiones están contenidas en ocho libros publicados entre 1999 y 2004.

El 13 de diciembre de 2003, al cumplir los 87 años, anunció su retiro de la vida pública. En enero de 2004, hecho que posee un gran simbolismo, Seregni aceptó recibir en Costa Azul, donde descansaba, a siete integrantes de aquel grupo de jóvenes que organizó en 1983 aquella jornada de protesta contra la dictadura (Asceep, la Semana del Estudiante, el acto del Franzini). De ahí surgió la idea de organizar un acto (fue su despedida), en el Paraninfo de la Universidad de la República, con motivo de los 20 años de su liberación de la cárcel del régimen que cayó (ver recuadro).

El 27 de junio, Seregni fue a votar en una interna del FA, respaldando a Tabaré Vázquez (era el único postulante; lo hizo, como reafirmación de su identidad frenteamplista). El 29 de junio el diario LA REPÚBLICA reveló que el jefe de la División II, general Francisco Wins, había dispuesto colocar la foto de Seregni (titular de aquella región entre 1965 y 1967) en el Salón de Honor del comando, lo que provocó un gran revuelo, porque Wins fue sancionado por esa actitud, pero el presidente del país, Jorge Batlle, ordenó que “la foto se queda donde está”.

Seregni falleció dos días después de la revelación de “LA REPÚBLICA”, el 31 de julio de 2004 “sin poder cumplir su promesa de que no moriría sin ver en el gobierno al Frente Amplio”, como señalan Caetano y Neves (ver recuadro). Una multitud acompañó sus restos mortales hasta el Cementerio Central, siendo homenajeado con honores de ministro de Estado y general del Ejército de esta Republica democrática, que él contribuyó, decisivamente, a reconquistar.

NACIÓ EN EL BARRIO SUR

“ (Líber Seregni) nació en el Barrio Sur (de Montevideo) en 1916 (…) Fue a las 8 de la noche del 13 de diciembre en la casa de sus padres situada en Isla de Flores 1568, entre Salto y la actual Lorenzo Carnelli, que por entonces seguía siendo Tacuarembó. Era un barrio de gente modesta, y la familia de José Seregni y Ema Mosquera no resultaba una excepción en el vecindario.

El padre, José, de 38 años, había sido empleado administrativo y luego cobrador; Ema, la madre, de 36 años, era ama de casa. Ya tenían una hija, Selene. Los padres de José, David Seregni –llegado de Milán, aproximadamente en 1870- y María Garibaldi, ambos italianos, ya habían muerto, por entonces. Pero aún vivían los padres de Ema, y por el momento, en la misma cuadra: José Mosquera, asturiano, y Francisca Ernal, la “abuelita vasca” que Líber hizo famosa (…)

Su barrio de la niñez, sin embargo, iba a ser Pocitos, uno de los pueblos que la ciudad, en su expansión hacia el “Camino de los Propios”, estaba incorporando al tejido urbano. Aunque ya tenía chalets muy “paquetes”, y un famoso Hotel Pocitos, todavía no se soñaba émulo de Copacabana.

Líber disfrutará en plenitud de aquel espacio en transformación. Su casa estaba en Pedro Viera 2495, entre Obligado y Brito del Pino( …)”
(Historia uruguaya, serie Los Caudillos, Líber Seregni, Gerardo Caetano-Salvador Neves, 2012, pás 9 y 10)

ÚLTIMO DISCURSO EN EL PARANINFO

“Durante el verano (Seregni) recibió en Costa Azul la visita de siete integrantes de aquella multitud que, en setiembre de 1983 (al final de la dictadura), cuando la marcha final de la Semana del Estudiante, llegó a la esquina de Bulevar Artigas y Bulevar España, (residencia de los Seregni, preso), y se pararon a vivar su nombre. Los visitantes encontraron que el general estaba mucho mejor de lo que habían supuesto; la conversación fue larga y animada, y sintieron que merecía ser compartida con un público más amplio.

Fue así que organizaron un homenaje a veinte años de su liberación, el 19 de marzo de 2004, en el Paraninfo de la Universidad de la República. En esa ocasión, fue que Seregni pronunció su último discurso, o, tal vez, su último discurso público(…)
“Traté de perseguir el paradigma de decir lo que pienso y hacer lo que se dice (afirmó en aquella circunstancia); a veces pude hacerlo y otras veces no, porque yo también sentí, como muchos de ustedes, la vigencia del dilema que planteara (el alemán) Max Weber hace 80 años (…) el dilema de la posible oposición entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad. Cuando uno tiene un cargo, cuando uno habla en nombre de otros, no es solo el que habla, y eso limita seriamente las posibilidades de expresión propias.

Esto, la ética de las responsabilidades, debe ser tenido muy en cuenta, muy en cuenta por todos nosotros, cuando juzgamos las conductas de gobernantes y de líderes políticos. Por eso, hasta que pude desprenderme de las ataduras de mis responsabilidades, recién entonces pude habla por mí y para mí, y ser auténtico. Así, dije mi verdad (la mía, no la verdad), que en ocasiones pudo chocar o herir a alguien. No fue mi propósito lastimar ni herir a nadie, y si en algún momento eso pasó, aquí públicamente, presento mis excusas…”.
(“Historia Uruguaya. Serie Los Caudillos, Seregni, de Gerardo Caetano, Salvador Neves, 2012, pag 217 y 118).

POLÍTICA GOBIERNA TODA CONDUCCIÓN ECONÓMICA

“El general hablaba con (Danilo) Astori y con (Mariano) Arana. Incluso había reunido “al pie de la cama” al oncólogo (Tabaré Vázquez) con el contador (Astori), antes del viaje a Estados Unidos en que el candidato a la presidencia por el FA reveló a quién tenía en mente para la cartera de Economía. A Vázquez le habría dicho: “Tú eres el conductor político”; a Astori, “Tú eres el conductor económico”. Pero concluyó según las versiones que se han conocido de ese encuentro especial-, “deben recordar que es la política la que gobierna a la economía”.
(Historia Uruguaya, Seregni de Gerardo Caetano, Salvador Neves, pag 218 y 219)